El Lechazo

El placer de comer pincho de lechazo a la brasa es una de las experiencias más ancestrales de la gastronomía primitiva y medieval.

 

Entre el fuego y la carne sin aditivos (no los necesita) enlazamos directamente con la prehistoria y con nuevas tendencias como la dieta del paleolítico o la comida primitiva, sin que seamos nosotros defensores de ninguna dieta específica sino de la conjunción de todas como la responsable de una alimentación, sana, saludable y equilibrada.

 

 

Ese lechazo, llamado así por haberse alimentado solo a base de la leche de la oveja, criado para ser puesto en nuestras cocinas lo más cerca posible de los 21 días y siempre antes de empezar a comer piensos o henos, constituye uno de los grandes manjares de la gastronomía española.

 

Después, debidamente troceado (lo cual es otro arte al que en su momento le dedicaremos su tiempo) y ensartado en los pinchos de acero que nos recuerdan fuego, hierro y Edad Media.

 

Por ejemplo, nuestro lechazo en pinchos a la brasa es una delicia, desgrasado en su justa medida al ir haciéndose poco a poco a fuego medio al hogar de la lumbre de sarmiento de las vides de Ribera del Duero.